LA BATALLA DE BEDA FOMM



El hecho se engloba en la operación Compass que el ejército aliado puso en marcha en el norte de África entre diciembre de 1940 y febrero de 1941.

Beda Fomm es un pequeño pueblo costero libio por el que los italianos tenían previsto evacuar la zona debido al éxito de la operación mencionada hace un momento, a finales de enero de 1941. La 7ª División Blindada británica tenía como misión interceptar al ejército italiano en su marcha, pero su movimiento, como división completa, era muy lento, por lo que lanzaron un “grupo avanzado”. Este grupo llegó a Beda Fomm el 5 de febrero y allí se dispuso a bloquear la huida del 10º Ejército Italiano. El destacamento británico lo formaban unos 2000 hombres, un escuadrón de tanques ligeros y poco más. Frente a esto, 25.000 italianos con 200 tanques.

Después de duros combates, que en muchas ocasiones llegaron al cuerpo a cuerpo, los italianos se rindieron. Los británicos habían perdido unos 50 hombres, con una importante inferioridad numérica al comienzo del combate, y los italianos habían dejado, heridos o muertos, 1.500 hombres en la pelea. A esto, hay que sumar que cayeron prisioneros, al rendirse, unos 25.000 hombres en manos británicas.

Inmediatamente, Hitler ordenaría la ejecución de la Operación Sonnenblume y el curso de la guerra en África daría un vuelco a favor del Eje con la llegada del Afrika Korps y su general Erwin Rommel.

LA TRAGEDIA DEL CHALLENGER


Cuando la maestra Sharon Christa McAuliffe de 37 años de edad, fue escogida entre más de 10.000 candidatos para formar parte del Space Flight Participant Program, primer vuelo espacial estadounidense en el que participaría un civil, jamás imaginó la tragedia en la que desembocaría la aventura.

El proyecto era un ejercicio de relaciones públicas. La NASA (National Aeronautics and Space Administration) estaba deseando demostrar lo seguros que eran los viajes especiales, y el plan era que la invitada emitiera una lección desde el espacio. 

La misión 51 L del transbordador estadounidense debería haber sido rutinaria. Su tarea principal era poner en órbita un satélite de comunicaciones, una tarea que otros transbordadores ya habían concretado anteriormente. En 1986 había habido 24 misiones de transbordadores y el Challenger había viajado al espacio nueve veces. 

Desde el principio, la misión 51 L parecía condenada al fracaso. El despegue se aplazó dos veces debido a problemas técnicos. El martes 28 de enero de 1986 hacía mucho frío y la tripulación pensó que el lanzamiento volvería a aplazarse. Pero finalmente les comunicaron que cabía la posibilidad de que despegaran alrededor de las 11 de la mañana.

Cinco de los tripulantes eran expertos astronautas: el comandante Dick Scobec, el piloto Mike Smith y los tres técnicos: Judy Resnik, Ron McNaii y Ellison Onizuka. El otro debutante era el Ingeniero Greg Jarvis, que llevaba varios años en el programa, pero era la primera vez que participaba en una misión espacial.

La cuenta regresiva para el despegue comenzó puntualmente, pero al equipo de dirección de la misión le preocupaba que el hielo acumulado en la plataforma, pudiera afectar al lanzamiento, por lo que detuvieron la maniobra nueve minutos para valorar los posibles riesgos. A las 11.15 decidieron que no había peligro. La cuenta atrás se reanudó a las 11.29, y finalmente se produjo el lanzamiento.

Los familiares y amigos de la tripulación se situaron en la zona VIP del mirador a cinco kilómetros de la plataforma de lanzamiento. Entre los espectadores se encontraban los padres de McAuliffe, su marido Steven, y sus dos hijos: Scott, de nueve años, y Caroline, de seis. También había un grupo de alumnos suyos de la Concoid High School de Massachusetts, donde McAuliffe enseñaba Economía, Derecho e Historia de América.

En el mirador, el grupo de espectadores aplaudió mientras el Cliallenger se separaba de la torre e iniciaba el vuelo que elevaría al transbordador sobre las claras y azules aguas del océano Atlántico. Treinta y seis segundos más tarde el Challenger atravesó la barrera del sonido. De pronto el transbordador fue golpeado por un violento viento de costado. Al detectar graves fluctuaciones en la ruta de vuelo, el sistema de guía, navegación y control de a bordo comunicó la desviación y ordenó al sistema de potencia de los cohetes impulsores que la compensara. 

En tierra, el sistema de megafonía anunciaba con tono tranquilizador el avance del transbordador. Los motores del transbordador aumentaron la potencia. "Challenger, potencia máxima", ordenó el control de la misión. "Roger, potencia máxima", replicó el comandante Scobee. En ese momento, con la tensión aerodinámica al máximo, una lengua de fuego que no había sido detectada empezó a lamer las junturas del cohete impulsor de estribor. Cuando el transbordador llevaba setenta y dos segundos volando, el hidrógeno que se filtraba del depósito de combustible se encendió. El cohete impulsor giró sobre sus amarres y perforó el depósito de combustible, que se desgarró de arriba abajo. En la explosión resultante, cientos de toneladas de combustible líquido envolvieron al transbordador en una bola de fuego. Los dos cohetes impulsores salieron despedidos, y luego la explosión desprendió el transbordador. Todo pasó tan deprisa que no hubo tiempo para poner en marcha ninguna maniobra de emergencia. En cualquier caso, el transbordador no iba equipado con asientos eyectables.

Mientras el transbordador se desintegraba en el aire, algunos integrantes intentaron activar sus suministros de oxígeno de emergencia. Pero aunque la cabina se conservó prácticamente intacta hasta precipitarse en las frías aguas del océano, a catorce kilómetros, la presión aerodinámica mató a todos los que sobrevivieron a la explosión inicial.

Los familiares y amigos de los tripulantes contemplaban el cielo horrorizados. Pese a ser evidente que algo terrible había ocurrido, el sistema de megafonía seguía proporcionando datos de la altitud y la velocidad del transbordador.

Finalmente el hechizo se rompió. La voz flemática del sistema de megafonía anunció: "Los controladores de vuelo están analizando meticulsamente la situación. Parece ser que se ha producido un grave fallo. Hemos perdido el contacto. El oficial de dinámica de vuelo informa que el vehículo ha explotado. El director de vuelo lo ha confirmado. Vamos a ponernos en contacto con el equipo de rescate para ver qué se puede hacer".

Los padres de McAuliffe, anonadados, se quedaron mirando los restos de la nave que caían del cielo y las estelas de vapor del transbordador. Luego ropieron a llorar. Los oficiales de la NASA se los llevaron del mirador, aturdidos y con los ojos llorosos. 

El presidente Reagan aplazó su discurso del Estado de la Unión y apareció por televisión para dirigirse a la nación. "Continuaremos explorando el espacio -afirmó-. Habrá otros vuelos espaciales... más maestros en el espacio. No vamos a detenernos. Nuestra esperanza y nuestro viaje continúan. Los miembros de la tripulación del transbordador espacial Challenger nos honraron con la vida que llevaron. Nunca los olvidaremos, ni olvidaremos la última vez que los vimos, esta mañana, mientras nos decían adiós con la mano y emprendían un viaje que los acercaría a Dios".

También tuvo unas palabras de consuelo para los alumnos que habían presenciado la trágica muerte de su maestra. Era duro entender cosas tan dololosas, pero aquello formaba parte de la exploración y el descubrimiento, dijo. "El futuro no pertenece a los débiles de corazón. Pertenece a los valientes".

Pero el optimismo no duró mucho. Diecisiete años después, el transbordador "Columbia", con siete astronautas a bordo, se desintegró al reingresar a la atmósfera terrestre tras una misión en la Estación Espacial Internacional.

EL ORIGEN DE LOS JEANS


Los pantalones vaqueros o jeans son piezas habituales del vestuario moderno. Pero ¿cuál es su origen?

Pues debemos buscarlo en un sastre judío de Baviera llamado Levi Strauss (1829-1902) que emigró a los Estados Unidos en busca de fortuna.

Strauss se estableció en San Francisco en 1850, dedicándose a vender a buen precio lona para cubrir vagones y para confeccionar tiendas de campaña. Pero el Ejército le devolvió una gran partida de lona que le habían encargado, aduciendo mala calidad. Encontrándose así sin manera de rentabilizar su inversión se vio obligado a usar la imaginación y decidió fabricar con la tosca tela unos pantalones para aprovechar el tirón de la fiebre del oro recientemente desatada.

Estos pantalones eran lo bastante resistentes como para soportar las duras condiciones de trabajo de los mineros y contaban con un suficiente número de bolsillos como para guardar las muestras de minerales y las herramientas de uso más frecuente. Incluso, para reforzar la prenda, le puso remaches a la costura del pantalón.

Estos pantalones fueron utilizados también por los vaqueros y han sido identificados con el lejano Oeste, llegando a considerarse como el genuino estilo de vestir estadounidense.

En 1860, Strauss cambió la lona por una tela más resistente fabricada en Nimes (Francia) y que era originaria de la ciudad italiana de Génova. Los franceses llamaban a tal ciudad Genes, que pronunciaban jeans. De aquí el nombre.

PIPINO EL BREVE

Pipino III de los Francos, más conocido como Pipino el Breve o “Pipinillo” nació en Jupille (Bélgica) hacia el 715 y murió en Saint-Denis (Francia) el 768.

Fue hijo de Carlos Martel, vencedor de la Batalla de Poitiers (octubre del 732) en la que detuvo el avance musulmán por Europa. Y padre de Carlomagno, fundador del Imperio Carolingio y Emperador de Occidente (800-814).

Después de ostentar los cargos de Mayordomo de palacio de Neustria y Austrasia fue coronado rey de los Francos en el 751. Cargo que ostentó hasta el día de su muerte.

No parece que el tiempo de reinado ni en el que se mantuvo realmente en el poder, pueda ser calificado de breve, así que no debe estar en este hecho el origen de su apodo.

En efecto, el apodo alude a lo exiguo de su estatura: unos 1,37 m aproximadamente.
 
El reinado más corto se le atribuye a Luis Felipe de Portugal. El 1 de febrero de 1908 estaba con su padre y el resto de la familia real cuando el rey Carlos I fue acribillado en medio de una multitud por fanáticos republicanos. De resultas del atentado fueron heridos de muerte el rey y el príncipe real Luis Felipe, que sobrevivió a su padre 20 minutos.

LAS CUEVAS DE ALTAMIRA



“Después de Altamira, todo es decadencia.”
Pablo Picasso
Allí están, allí quedaron, para contarnos mínimamente de qué se trataba la vida allá por el Paleolítico superior. Aunque no existe un acuerdo en la datación de las distintas piezas arqueológicas encontradas ni en la datación de las pinturas, se estima que las principales figuras datan de 18000 años.

Fue el hombre actual, Homo sapiens, el que pintó las cuevas de Altamira. Los pobladores de la zona de Altamira eran tribus de cazadores-recolectores nómadas, formados por entre 20 y 30 individuos, que utilizaban los abrigos naturales o entradas de las cuevas como vivienda, pero no su interior, y hacían uso del fuego para iluminarse y para cocinar. Además, debió existir una estructura social jerarquizada que permitiese organizar partidas de caza de grandes animales, ya que de otra forma dichas presas hubieran sido innacesibles sin organización.

Las pinturas y los grabados que ellas albergan son la mayor expresión artística que se conserva de la prehistoria. Contienen pinturas polícromas, grabados, pinturas negras, rojas y ocres que representan animales, figuras antropomorfas, dibujos abstractos y no figurativos. Es importante entender que la cueva de Altamira se produjo durante miles de años y en periodos de tiempo no continuos, de ahí la acumulación de estilos y las diferencias entre ellos. La calidad de los trabajos, nos aseguran que las herramientas utilizadas, tanto para grabados como para dibujos y pinturas, eran equiparables a las de los artistas de época histórica.

Los animales representados no son un indicativo de la abundancia, sino todo lo contrario. Se trata de una manifestación del deseo de éxito y la encomendación religiosa en la cacería, el mayor sustento del hombre.

Lamentablemente, hoy no se puede visitar las auténticas cuevas. Y no por deseo del hombre, si no de la propia naturaleza, y es por el bien de las propias pinturas. De abrir las cuevas al público, los hongos y las bacterias que han colonizado sus paredes se extenderían y dañarían de manera irreversible las pinturas rupestres.

Se ha comprobado que las paredes más próximas a la entrada de la cueva han sido colonizadas por microorganismos, que aprovechan las corrientes de aire creadas por el paso de los visitantes para desplazarse y extenderse hacia el interior, como demuestra el hecho de que algunas de estas colonias ya han afectado las pinturas de la Gran Sala de los Polícromos. Además, los cambios de temperatura y de humedad provocados por la presencia humana también contribuirían a su proliferación.

El deterioro de las pinturas desembocó en un primer cierre que se llevó a cabo en 1977 y finalizó en 1982, año en que se reabrieron las cuevas con un límite de 11.000 visitantes/año, muy lejos de las 175.000 visitas de 1973.

Con las apariciones de manchas blancas —debidas a la presencia de microorganismos que proliferan con la luz— se optó por cerrar las cuevas al público de nuevo en 2002. Las listas de espera que se iniciaron ya se han completado y no se admiten más solicitudes por la imposibilidad de garantizar una visita con tan largos plazos.

A fecha de hoy no hay fecha prevista para su reapertura, si es que esta se ha de producir.

La alternativa es visitar el museo de Altamira en Cantabria, que se encuentra muy cerca de la entrada a la cueva original. El museo contiene una reproducción exacta de la cueva original realizada utilizando las últimas tecnologías.

Las Cuevas de Altamira son Patrimonio de la Humanidad desde 1985.

BASQUET: UN DOBLE EN CONTRA

Durante la final de la 5º Copa de Europa en la temporada 1961-62, entre el Real Madrid, campeón de España, y el campeón de Italia, el Ignis Varese, tuvo lugar un hecho sorprendente e insólito en un encuentro de basquet: un jugador lanzó la pelota contra su propio aro o canasta y logró un autodoble.
 
Algo semejante puede suceder accidentalmente en cualquier deporte, pero en lo inédito del acontecimiento es que la jugada fue completamente premeditada.

En aquella época los enfrentamientos se producían a doble partido, pasando a la siguiente eliminatoria el equipo con mayor suma de puntos en el global de la eliminatoria. El sorteo decidió que el primer partido se disputase en campo italiano y el partido de vuelta en la capital española.

Durante todo el primer tiempo del partido de ida, el Real Madrid mantuvo una ventaja de unos 10 puntos hasta dos minutos del final. Pero el éxito parcial no fue gratuito, ya que había perdido por cinco faltas personales a dos de sus figuras, Sevillano y Morrison, y mantenía en cancha a Emiliano, Lluis y Lolo cargados con 4 faltas personales. A falta de 27 segundos parecía que, con un marcador de 75-80, se salvaría la situación, pero 5 puntos fugaces de los italianos igualaron el encuentro a falta de 2 segundos.

En ese momento el entrenador madridista, Pedro Ferrándiz, solicitó tiempo muerto. Tenía apenas dos segundos para conseguir un punto o se jugaría una prórroga de 5 minutos más en el infierno varesino, mermados por las bajas. Entonces prefirió no arriesgar e ideó una jugada que sorprendió a todos.

Los jugadores locales bajaron a defender dispuestos para la prórroga. Lluis sacó de fondo el balón hacia Alocén, y éste anotó limpiamente… ¡Sí! ¡En su propia canasta!

Con esto se terminó el encuentro que concedió una derrota por dos puntos antes de verse abocado a una prórroga donde la derrota hubiera sido mucho más abultada dada las  circunstancias, las bajas, las faltas personales acumuladas y el ambiente, pues la presión del público local se hacía sentir y el estadio era una caldera.

La estratagia dio resultado, pues en el partido de vuelta el Real Madrid venció por 83-62, superando con creces la diferencia y consagrándose campeón.

LA MASACRE DE TRELEW


La rendición en el aeropuerto
Para algunos guerrilleros, para otros presos políticos, para otros mártires, lo cierto es que lo que ocurrió en Trelew el 22 de agosto de 1972, fue una indignante masacre a sangre fría perpetrada con total crueldad y resentimiento amparados por la impunidad de un gobierno acostumbrado al uso indiscriminado de la violencia.

El 15 de agosto de 1972, en la postrimería del gobierno dictatorial del general Alejandro Agustín Lanusse, veinticinco presos políticos pertenecientes al PRT-ERP (Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo); las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y Montoneros, se fugaron del penal de Rawson en la provincia de Chubut. Seis de ellos lograron llegar al Chile de Salvador Allende. Diecinueve no alcanzaron a subir al avión. Se entregaron luego de acordar públicamente garantías para su integridad física. El 22 de agosto los diecinueve prisioneros fueron fusilados a mansalva con ráfagas de ametralladoras en la base naval Almirante Zar.

La cárcel de Rawson tenía ocho pabellones. Los cuatro primeros eran de presos comunes y los restantes, de los políticos. Los pabellones de mujeres estaban en los pisos superiores. El 15 de agosto a las 18.30 comenzó la toma del penal y la fuga. En diez minutos tomaron los puntos neurálgicos y redujeron a un grupo de aproximadamente 60 guardias. El guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela, que intentó impedir la fuga, resultó muerto de un disparo de bala.

Los guerrilleros estaban numerados jerárquicamente para la fuga del 1 al 110. Fuera de la cárcel, no encontraron los camiones que debían estar esperándolos para llevarlos al aeropuerto de Trelew; los disparos que se escucharon provenientes del penal, los habían dispersado.

El primer contingente formado por los seis máximos jefes guerrilleros tomó el único coche que había permanecido, con el estudiante de Agronomía y Veterinaria Carlos Goldenberg (FAR) al volante. Los 19 guerrilleros restantes, que habían logrado salir, llamaron taxis desde la guardia del penal, y llegarían al aeropuerto de Trelew con un retardo fatal.

Los seis jefes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros, integrado por Mario Roberto Santucho, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo, Domingo Mena, Marcos Osatinsky y Fernando Vaca Narvaja, lograron abordar en el aeropuerto un avión de Austral que previamente había sido copado y escaparon hacia Chile donde el gobierno de Salvador Allende les permitió seguir viaje a Cuba.

Los otros presos que se habían escapado llegaron al aeropuerto justo cuando despegaba el avión que llevaba a sus compañeros. Intentaron tomar, sin éxito, otro avión que debía arribar pero que finalmente no descendió al ser alertado desde la base naval Almirante Zar.

Después de una conferencia de prensa en el aeropuerto, se entregaron ante los periodistas y con la promesa de las autoridades judiciales y militares de que sus vidas serían respetadas, fueron alojados en la base naval Almirante Zar.

Sin embargo el 22 de agosto de 1972, a las 3.30 de la mañana, los 19 presos fueron obligados a salir de sus celdas, los hicieron pararse en fila en el pasillo y los ametrallaron a mansalva. Los gritos se mezclaron con la furia de las ametralladoras, pronto todo fue invadido por el humo y la sangre. Gritaban de dolor los heridos, gritaban de locura asesina sus verdugos. Quienes sobrevivieron a la primera ráfaga se tiraron dentro de los calabozos.

María Antonia Berger, luego de recibir un primer impacto en el estómago se arrojó dentro de su celda. Escuchó ruido de botas y escuchó tiros de gracia. Los quejidos e insultos de sus compañeros en la hora final, se fueron acallando. María Antonia, con su dedo ensangrentado, escribió "papá", "mamá" en la pared. De pronto, un segundo impacto le destrozó la mandíbula. Los asesinos borraron su escrito con zaña. Ella todavía estaba viva, sentía que le estallaba la cabeza, pero no se movió, no se quejó. Creyeron que estaba muerta y siguieron su masacre por las otras celdas.

María Antonia, volvió a pintar su dedo con sangre, pero esta vez escribió en la pared la palabra LOMJE, consigna que durante mucho tiempo se pintó en los muros de la ciudad "Libres o Muertos, Jamás Esclavos".

Al amanecer del martes 22 de agosto, la armada hizo circular la versión de que las muertes habían sido el resultado de un nuevo intento de fuga. Mariano Pujadas, uno de los guerrilleros había intentado, según la versión oficial, arrebatarle el arma al teniente de corbeta Luis Emilio Sosa. María Antonia Berger; Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar los únicos sobrevivientes de la masacre se encargaron de que el mundo supiera la verdad.

En los días sucesivos, hubo manifestaciones en las principales ciudades de la Argentina y más de 60 bombas fueron colocadas en protesta por la matanza. Peronistas, radicales, intransigentes, socialistas, comunistas, trotskistas y democristianos, condenaron al gobierno. Perón calificó a las muertes de "asesinatos". La opinión pública descreyó de la versión oficial. El 25 de agosto la CGT declaró un paro activo de 14 horas. Se prohibieron los velatorios públicos de los guerrilleros ejecutados.

El comisario Alberto Villar -luego jefe de policía de Perón y uno de los mentores de la Triple A- irrumpió con tanquetas en la sede del Partido Justicialista donde se velaban los cadáveres de tres de los guerrilleros asesinados.

Ana Villareal, compañera de Santucho, fue sepultada en el cementerio de Boulogne.

Pero allí no terminó todo. La sede de la Asociación Gremial de Abogados fue dinamitada, se exterminó a las familias de Clarisa Lea Place, Roberto Santucho y Mariano Pujadas, la mayor parte de los hermanos y hermanas de los fusilados están hoy desaparecidos y el letrado Mario Amaya, que escoltó con su auto al micro de la armada que el 16 trasladó a los detenidos hasta la base naval, fue asesinado durante la última dictadura.

Los tres sobrevivientes de aquella fatídica noche, también fueron secuestrados y se hayan desaparecidos.