LA GUERRA DE LOS BOERS

Las guerras de los bóers fueron dos conflictos bélicos que mantuvieron enfrentados durante más de 20 años a los ingleses y a los bóers, colonos de origen holandés que habitaban en Ciudad de El Cabo. Esta Colonia era neerlandesa de origen, pero poco a poco, desde 1836 fue recibiendo también colonos ingleses que convivían con aquellos.

En aquel año, encontrándose ya en minoría, los boers decidieron emigrar y buscar un nuevo asentamiento. Una parte de éstos se marcharon al otro lado del Vaal, el río que atraviesa la provincia, y fundaron el Transvaal, la República de África del Sur. Otra buena cantidad de holandeses marcharon hacia el río Orange, donde constituyeron otra república más, Orange. Sin embargo, frente a holandeses e ingleses, estaban las tribus locales, los zulúes y los matabeles, indígenas que durante años atacaron salvajemente a sus colonizadores.

Tal fue el terror que éstos infundían, que en el año 1877 bóers e ingleses decidieron unir sus fuerzas, momento que aprovecharon los ingleses para anexionar el Transvaal y el Orange en una sola república. A pesar de que esta situación no fue aceptada, sin embargo, el interés común en acabar con la guerra zulú hizo que durante dos años ambos convivieran aunque no sin tensiones. Pero cuando el peligro zulú acabó por desaparecer, también desaparecieron los motivos para que los bóers hubieran de aceptar la soberanía inglesa. Comenzó así la primera guerra anglo-bóer.

El 16 de diciembre de 1880 se declaró la independencia del Reino Unido. Todas las guarniciones británicas fueron asediadas una tras otra en los siguientes meses hasta que llegó el fatídico día del 27 de febrero de 1881, el de la humillante batalla de Majuba Hill, en el que los ingleses perdieron definitivamente la guerra. Poco después hubieron de firmar la tregua en la que se les concedió el derecho a autogobierno pero bajo supervisión británica.

Durante este pequeño período de entreguerras, algunos ingleses permanecieron en aquellas tierras, pero siempre estaban separados de los holandeses y sus derechos eran más bien escasos. Conocidos como los uitlanders, estaban considerados como intrusos en aquella tierra. Además, el descubrimiento de filones de oro en aquellas tierras no hizo sino atraer aún a más ingleses que reclamaban sus derechos.

Pronto llegó esta situación a oídos de Cecil Rhodes, quien gobernaba como primer ministro la colonia inglesa de El Cabo. Fue él quien preparara todo lo necesario para volver a atacar a los bóers y anexionar nuevamente el Transvaal y Orange.

En diciembre de 1895, Cecil Rhodes apostó su ejército a las puertas de Johannesburgo; dirigido el ejército por su médico personal, Jameson, se adentraron sin previo aviso en el Transvaal, pensando que contarían con la ayuda de los uitlanders. Éstos, sin embargo, no intervinieron, y finalmente, el ejército inglés de Cecil Rhodes volvió a sufrir otra humillante derrota que se conoció históricamente como el Jameson Raid, por la precipitación con que se actuó.

La guerra volvió a declararse el 12 de octubre de 1899. Los bóers fueron los primeros en intervenir, invadiendo El Cabo y Natal. Tenían cañones mayores y parecían estar mejor preparados, de modo que una tras otra, las primeras victorias de esta segunda guerra anglo-boer cayeron de lado de éstos últimos.

Decididos a vencer, y tocados en su orgullo, desde Londres se decidió enviar un contingente de 200.000 soldados (los bóers eran sólo 30.000). El año 1900 fue de victorias inglesas y la guerra acabó por desembocar en una guerra de guerrillas en el que todo valía. La política de “tierra quemada” acabó con 30.000 granjas y 40 ciudades incendiadas y con la aparición de campos de concentración por toda África del Sur. Finalmente, la victoria se decantó del lado británico, y la paz se firmó en Pretoria el 31 de mayo de 1902. De aquella guerra surgió la Unión del África del Sur dirigida en cooperación por bóers e ingleses.

La guerra de los boers fue uno de los puntos más vergonzosos de la era del imperialismo. Durante todos aquellos años ingleses y holandeses se disputaron el derecho sobre territorios que no pertenecían ni a unos ni a otros. Se aliaron para terminar con los verdaderos dueños, y una vez derrotados volvieron a combatir entre ellos como aves de rapiña.

Como bien dice Joan Manuel Serrat, fueron a cagar a casa de otras gentes.

LAS PIRAMIDES DE EGIPTO


Las pirámides de Egipto son, de todos los vestigios que nos legaron los egipcios de la Antigüedad, los más portentosos y emblemáticos monumentos de esta civilización, y en particular, las tres grandes pirámides de Giza, las tumbas o cenotafios de los reyes Keops, Kefrén y Micerino, cuya construcción se remonta, para la gran mayoría de estudiosos, al periodo denominado Imperio Antiguo de Egipto. 


Las pirámides muestran, para su época, el gran conocimiento de los técnicos egipcios y la capacidad organizativa necesaria para construir tales monumentos con medios muy simples; pero nada parece indicar que hiciera falta una tecnología superior a la que disponían los egipcios representada por “ingenios” de madera, trineos e, hipotéticamente, usando la rueda, en forma de rodillos de madera y rampas.

No se sabe con certeza cómo se construyeron las pirámides, pues no han perdurado documentos de su época que lo describan. Además, se utilizaron diversos materiales (piedra escuadrada, piedra sin tallar, adobe) y variadas técnicas en la construcción de sus núcleos (apilamiento de bloques, muros resistentes conformando espacios rellenos de cascotes, etc.). La hipótesis más aceptada es la siguiente: previamente se procedía a aplanar el terreno rocoso, y excavar canales para inundarlos de agua y así poder marcar líneas de nivel con las que se preparaba una superficie horizontal. Después se rellenaban los surcos. A continuación se excavaba la cámara subterránea y se comenzaba la edificación. La mayoría de los bloques de piedra eran cortados en canteras próximas al lugar de construcción. Se transportaban otros de las canteras del sur del país con ayuda de gigantescas barcazas. Los bloques se colocaban a continuación sobre trineos y se arrastraban hasta su emplazamiento definitivo.

A continuación ofrecemos las curiosidades más importantes sobre las pirámides: 

- La Gran pirámide fue el edificio más alto del mundo durante miles de años, hasta la construcción de la Torre de Eiffel en 1889.

- La orientación de las tres pirámides de Gizeh (Keops, Kefrén y Micerinos) coincide exactamente con la de las tres estrellas centrales de la constelación de Orión, (que era Osiris para los egipcios).

- Hay más de 80 pirámides extendidas por todo el territorio de Egipto, la gran mayoría en ruinas y algunas semiescondidas bajo las arenas del desierto. Las de mayor tamaño son las de Gizeh. La Gran Pirámide es una de las 7 maravillas del mundo antiguo. La única que llegó hasta nuestro días.

- Pese a ser monumentos mortuorios, la creencia de algunos expertos y egiptólogos es que la construcción de las pirámides pudo estar motivada por aspectos cósmicos y religiosos y no atendió criterios prácticos.

- En 1798 antes de la batalla de las pirámides de Giza frente a los mamelucos, Napoleón Bonaparte arengó a sus tropas diciendo: “Soldados, desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos de historia nos contemplan”. Napoleón realizó cálculos sobre la cantidad de piedras utilizadas para la construcción de la Gran Pirámide. Según sus cuentas con dichas piedras se podría construir un muro alrededor de Francia.

- La superficie que ocupa la Gran Pirámide es equivalente a la de ocho campos de fútbol. Para rodearla hay que caminar cerca de un kilómetro y su altura es similar a la de un edificio de cuarenta pisos.

- Se dice que se emplearon 100.000 hombres y tan sólo 23 años en construir la Gran Pirámide. En todo caso las técnicas que se usaron para ello son aún una incógnita. Existen varias teorías sobre su construcción pero los estudiosos del tema no se ponen de acuerdo.

- La Gran Pirámide está formada por unos 2.300.000 bloques de piedra. Cada uno de ellos tiene un peso aproximado de 2,5 toneladas.

- El peso aproximado de la Gran Pirámide de Keops es de 6 millones de toneladas. Por tanto, serían necesarias unas 6.000 locomotoras para poder moverla.

- La pirámide de Keops esconde en su interior un complejo laberinto de pasillos y cámaras sin salida y se cree que podrían existir galerías aún no descubiertas. La galería principal mide 47 m de longitud y casi 9 de altura.

LA CURIOSA BATALLA DE GALIPOLI

drip rifle
La Batalla de Galípoli, o Batalla de los Dardanelos, tuvo lugar en la península turca de Galípoli, en abril de 1915, durante la Primera Guerra Mundial. Tras lo intensos bombardeos en febrero de 1915, se decidió un desembarco de las tropas aliadas (británicos, franceses, australianos y neozelandeses) en la península de Galípoli y, así, poder controlar el estrecho de los Dardanelos. La ofensiva estuvo mal preparada y el único elemento a su favor, el ataque sorpresa, no dio ningún resultado. Desembarcaron en un playa, al pie de un terreno elevado, donde estaban fortificadas las tropas turcas. Durante varios meses los soldados, de uno y otro bando, iban cayendo pero ni los aliados ganaban un palmo de terreno ni los turcos los conseguían echar. A finales de 1915 y con más de 200.000 bajas en cada uno de los ejércitos enfrentados, los aliados decidieron abandonar aquella ratonera. Y aquí se planteó otro problema… la retirada.

La única salida de aquella playa era el mar, así que iban a quedar al descubierto y darle la espalda al enemigo… para los turcos iba a ser como el tiro al pichón. Enfrascados diseñando el plan de retirada, al cabo William Scurry del 7th Batallón de la ANZAC (Australian and New Zealand Army Corps) se le ocurrió una idea para cubrir la retirada. Más que una idea, un dispositivo… drip rifle (el fusil que dispara por goteo). Los fusiles se situaron en los posiciones desde donde se defendía la isla con una lata vacía atada, mediante una cuerda, al gatillo, y sobre la vertical de la primera lata, otra llena de agua con un agujero en la parte inferior. Conforme el goteo vaciase la lata de la parte superior, se iría llenado la que estaba atada al gatillo, llegando un momento en el que tendría el peso suficiente como hacer disparar el fusil. A raíz de esta idea fueron surgiendo otras variedades como la de atar el gatillo con una cuerda a un roca y en el centro colgar una piedra atada a la cuerda; entre la piedra colgada y la roca poner una vela y cuando la vela quemase la cuerda, la piedra caería de golpe y accionaría el gatillo.
Se sembró toda la playa de artilugios de este tipo y se prepararon para que fuesen disparando alternativamente… cuando los turcos se dieron cuenta del engaño ya se había evacuado  80.000 soldados y sólo habían sufrido media docena de bajas.

William Scurry Scurry fue galardonado con la Medalla de Conducta Distinguida y fue ascendido a sargento.

LAS MADRES DE PLAZA DE MAYO

“Comenzaron con manifestaciones simbólicas, no violentas, en la Plaza de mayo, de ahí el nombre que se les dio, primero ‘Locas’ de la Plaza de Mayo,  luego ‘Madres’ de la Plaza de Mayo, pero yo preferí llamarlas Madres Coraje, ya que, frente a la fuerte represión que sufrieron, que llegó incluso hasta  el secuestro y la desaparición de algunas de ellas, se mantuvieron firmes, llorando, pero firmes”. (Adolfo Perez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, 1980)

Cuando un jueves de abril de 1977, a las cinco de la tarde, catorce mujeres entre los 40 y los 60 años de edad, madres de desaparecidos, desafiaron la prohibición del derecho de reunión promulgada por la todopoderosa Junta Militar y manifestaron en la Plaza de Mayo su dolor y su rechazo a ser despedidas sin respuesta del Ministerio del Interior, los generales perdieron su primera batalla.

Como no obtenían respuesta, cierto día, en la iglesia Stella Maris, una de las fundadoras del movimiento, Azucena Villaflor, propuso salir del anonimato y como primera medida resolvió pedir audiencia en la Casa Rosada. Tímidamente, el grupo comenzó a reunirse en un banco de la Plaza de Mayo hasta que las hicieron circular. Así iniciaron las marchas -que se reiteraron cada jueves a las 3 de la tarde- y ya eran más de 300 madres cuando ese año, en una peregrinación a Luján, decidieron identificarse entre la multitud cubriéndose la cabeza con los pañales blancos de sus hijos desaparecidos.

Tuvieron que luchar incluso contra el telón de fondo del Mundial de Fútbol de 1978, porque se lo utilizó para montar la mayor operación de aprovechamiento político del deporte que se haya visto desde los Juegos Olímpicos de Munich en 1936. Pasaron rápidamente de ‘Madres’ a ‘Locas’

Pocos meses después del principio, en el grupo de las Madres de la Plaza de Mayo se organizó un subgrupo, el de las Abuelas, madres por partida doble, quienes realizan una tarea esencial respecto de los bebés. Se dedican a los niños que fueron secuestrados junto con sus padres y no han reaparecido, y a las jóvenes que, secuestradas estando embarazadas, han dado a luz en prisión.

Durante años marcharon solas. Solas lucharon contra amenazas y bastones sin bajar los brazos. Solas sufrieron y solas denunciaron su sufrimiento. 

Durante años, solas las dejamos.

MUNICH 1972 Y SEPTIEMBRE NEGRO





El 4 de septiembre, los atletas israelíes habían estado disfrutando de una salida nocturna por la ciudad, antes de regresar a la villa olímpica. Hacia las 4:40 del día 5, mientras los deportistas dormían, ocho miembros del grupo terrorista palestino Septiembre Negro, vestidos con chandal y llevando pistolas y granadas en bolsas de deporte, escalaban la verja de dos metros que rodeaba el complejo. Fueron ayudados por deportistas del equipo estadounidense que desconocían su verdadera identidad y que creían que, como ellos, querían acceder furtivamente a sus apartamentos tras una noche de diversión.


El entrenador del equipo de lucha, Moshé Weinberg, de 33 años, oyó un ruido tras la puerta del primer apartamento, observando que alguien abría ligeramente la puerta, se abalanzó sobre ésta dando un grito de alerta, mientras intentaba cerrarla forcejeando con los terroristas. En la confusión, nueve atletas pudieron escapar, y otros ocho se ocultaron. El luchador Joseph Romano, que en ese momento volvía de comer en un restaurante, agarró el arma a uno de los terroristas, pero resultó muerto por un disparo. Asimismo, Moshé Weinberg fue asesinado cuando intentó atacar a uno de los asaltantes con un cuchillo de fruta. Tras la muerte de éste, los terroristas tomaron como rehenes a nueve integrantes del equipo: David Berger, Ze'ev Friedman, Joseph Gottfreund, Eliezer Halfin, Andre Spitzer, Amitzur Shapira, Kehat Shorr, Mark Slavin y Yakov Springer.


Posteriormente se divulgó que los secuestradores eran fedayines palestinos de los campos de refugiados del Líbano, Siria y Jordania. Eran Luttif Afif (el jefe del grupo; tres de sus hermanos eran también miembros de Septiembre Negro, dos de ellos en prisiones israelíes), Yasuf Nasal, Afif Abmed Hamid, Khalid Jawad, Ahmed Chic Thaa, Mohammed Safady, Adnan Al-Gashey y su sobrino Jamal Al-Gashey.


El grupo exigía la liberación de 234 palestinos presos en cárceles israelíes y dos más encarcelados en Alemania, así como su traslado seguro a Egipto. La respuesta de Israel fue inmediata y contundente: no habría negociación.


Las autoridades alemanas, bajo la dirección del canciller Willy Brandt y el ministro del Interior Hans-Dietrich Genscher rechazaron el ofrecimiento por parte de Israel de enviar un grupo de fuerzas especiales de su país.


El plazo para la ejecución de los deportistas pasó de tres a cinco horas tras las conversaciones llevadas a cabo por las autoridades germanas. El jefe de policía alemán Manfred Schreiber y Ahmed Touni, que encabezaba la delegación olímpica egipcia, negociaron directamente con los secuestradores ofreciéndoles una ilimitada cantidad de dinero. Los embajadores de Túnez y Libia en Alemania también ayudaron intentando ganar concesiones de los secuestradores, pero fue inútil.


Finalmente los terroristas exigieron un transporte para El Cairo. Las autoridades fingieron llegar a un acuerdo y, a las 22:10, dos helicópteros transportaron a los asaltantes y a sus rehenes a una base aérea en penumbra próxima a Fürstenfeldbruck, donde un avión Boeing 727 de Lufthansa les estaba esperando. Los secuestradores creyeron que estaban en Riem, el aeropuerto internacional cercano a Múnich. Las autoridades habían planeado un asalto sobre ellos en el aeródromo.


Cinco francotiradores alemanes fueron seleccionados para disparar a los secuestradores. Ninguno tenía una preparación especial en este tipo de acciones y fueron elegidos porque practicaban el tiro de forma competitiva los fines de semana (posteriormente uno de ellos reconocería que no se consideraba un tirador de élite). En los 75 minutos que pasarían antes del fatal desenlace, las autoridades policiales germanas solicitaron tardíamente tanquetas, las cuales tardarían 30 minutos en llegar debido al denso tráfico.


Los helicópteros aterrizaron a las 22:30 en el aeropuerto. A las 23:03, dos terroristas bajaron de los aparatos, caminaron hacia el avión y se volvieron. Seguidamente, otros dos descendieron empujando a dos de los rehenes, quienes llevaban sus manos atadas a la espalda. Viendo que el avión estaba vacío y sabiéndose engañados, los terroristas regresaron precipitadamente hacia los helicópteros. En ese momento el aeropuerto fue súbitamente iluminado con bengalas y focos y las autoridades alemanas dieron la orden de abrir fuego.


Los cinco tiradores no disponían de radios para coordinar su fuego, y carecían de rifles de precisión y de teleobjetivos o dispositivos de visión nocturna. En el caos que sobrevino, dos secuestradores que estaban cerca de uno de los pilotos fueron eliminados. Otros tres terroristas se parapetaron detrás de los helicópteros, fuera del alcance de las luces, y comenzaron a disparar. Uno de los policías que estaba en la torre de control murió al alcanzarle una de las balas. Los pilotos del helicóptero lograron escapar, no así los rehenes, quienes permanecían atados brazos en alto al techo en el interior del aparato.


A media noche, se exigió a los secuestradores que se rindieran. Cuatro minutos más tarde, uno de los terroristas saltó del primer helicóptero lanzando una granada a su interior, que explotó con cuatro atletas israelíes y un piloto en su interior. Antes de que el fuego de la primera explosión alcanzase el depósito de gasolina del segundo helicóptero, Luttif Afif y otro secuestrador salieron del aparato y comenzaron a disparar a la policía. Éstos respondieron a los disparos, abatiendo a ambos. Los rehenes del segundo helicóptero murieron durante el tiroteo (posteriormente se señalaría que fueron ametrallados por un tercer asaltante). Los tres terroristas restantes fueron capturados.


Sorprendentemente, la competición olímpica solo se suspendió por un día, el 5 de septiembre, a pesar de que diferentes personalidades pidieron su suspensión. El presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, y otros miembros del COI decidieron que los terroristas no podían condicionar la celebración de los juegos. Al día siguiente se celebró en el estadio olímpico un memorial por los muertos al que asistieron 80.000 espectadores y 3.000 atletas. Avery Brundage no hizo ninguna referencia a los deportistas asesinados durante su discurso, en que elogiaba la fuerza del movimiento olímpico. Este hecho enojó a los israelíes y a mucha de la gente allí presente.


Como muestra de duelo, durante el acto, la bandera olímpica se izó a media asta junto con la mayoría de las banderas nacionales de los países presentes en los juegos, a excepción de los países árabes, los cuales exigieron que sus enseñas ondeasen en lo alto del mástil. Las naciones árabes de donde eran los terroristas lo veían como una claudicación frente a Israel.


El 5 de septiembre el equipo olímpico israelí anunció que abandonaba Múnich, siendo especialmente protegidos por las fuerzas de seguridad. El equipo egipcio dejó los juegos el 7 de septiembre, temiendo posibles represalias.


El 5 de septiembre, la entonces primera ministra de Israel, Golda Meir instaba al resto de las naciones a reprobar el bárbaro acto criminal. El ataque fue ampliamente condenado por todo el mundo, incluidos significativos personajes árabes como el rey Hussein I de Jordania.


Las autoridades alemanas encarcelaron a los tres terroristas supervivientes y crearon la unidad antiterrorista GSG9 para dar una respuesta contundente en futuras acciones de rescates de rehenes.


El 9 de septiembre, la fuerza aérea israelí bombardeó como respuesta las bases de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Siria y Líbano, ataque que fue reprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Asimismo, una resolución de la ONU de condena de los hechos de Múnich, amparada por los Estados Unidos, fue rechazada.


El 29 de octubre, un avión de Lufthansa fue secuestrado, exigiendo los terroristas la liberación de los tres integrantes de Septiembre Negro presos en cárceles alemanas. Sus reivindicaciones fueron atendidas por las autoridades germanas.


Los hechos acaecidos en Múnich traerían consigo una espiral de violencia por parte de Israel, con el fin de dar caza a los supuestos responsables del acto terrorista. Tras el ataque a la villa olímpica y la posterior liberación de estos tres terroristas, Golda Meir y el Comité de Defensa Israelí dieron órdenes secretas al Mossad de matar, dondequiera que se encontrasen, a los once hombres de Septiembre Negro y del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) que planificaron y organizaron la matanza de los atletas israelíes. Para ello, el servicio secreto israelí creó una unidad encubierta que sería ayudada por las células de información israelíes instaladas en Europa. Esta misión se conocería más tarde como Operación Cólera de Dios (o de Mivtzah Za'am Hael en hebreo).


Gracias a la información capturada a la OLP, y a la facilitada por los servicios de inteligencia europeos aliados, el Mossad elaboró una lista de objetivos encabezada por Wael 'Aadel Zwaiter, un miembro sospechoso de pertenecer a Septiembre Negro y que representaba oficialmente a la OLP en Italia, quien sería asesinado el 16 de octubre. La muerte de Zwaiter fue seguida de atentados mediante cartas bomba, que no causaron víctimas mortales, contra representantes de la OLP en Argelia y Libia, contra palestinos en Bonn (Alemania) y Copenhague (Dinamarca), y contra un representante de la Cruz Roja en Estocolmo (Suecia).


El 8 de diciembre, el representante de la OLP en París (Francia), Mohammad Hamshiri fue asesinado mediante una bomba activada por control remoto, la cual estaba instalada debajo de su escritorio. En los tres meses siguientes, cuatro integrantes de la OLP y la FPLP fueron asimismo asesinados en Chipre, Grecia y París.


El 9 de abril de 1973, Israel lanza la operación Primavera de Juventud en Beirut, (Líbano). Los objetivos eran Mohammad Yusuf al-Najjar (Abu Yusuf), Kamal Adwan y Kamal Nasser, todos ellos importantes dirigentes de la OLP. Un grupo de comandos israelíes desembarcó en una desierta playa del Líbano, dirigiéndose posteriormente a Beirut, donde acabaron con la vida de los tres palestinos, cuatro civiles libaneses, tres turistas sirios, un italiano y dejando 29 personas más heridas. A continuación, explotaron el cuartel general del FPLP en la ciudad y una fábrica de explosivos de Al Fatah.


El 28 de junio de 1973, el argelino Mohammad Boudia, encargado de las operaciones de Septiembre Negro en Europa, fue asesinado mediante un coche bomba en París.


El 21 de julio de 1973, tuvo lugar el conocido como asunto de Lillehammer. Un equipo de agentes del Mossad mató en Lillehammer (Noruega) a Ahmed Bouchiki, un marroquí sin relación alguna con los hechos acaecidos en Múnich, después de que un informador del Mossad le confundiera con Ali Hasan Salameh, integrante de Septiembre Negro. Cinco agentes del servicio secreto israelí, incluyendo dos mujeres, fueron capturados por las autoridades noruegas, siendo juzgados y encarcelados. Posteriormente serían liberados y expulsados a Israel.


El 22 de enero de 1979, el servicio secreto israelí daría finalmente con el paradero de Salameh, asesinándole con un coche bomba.


Mohammed Daoud Oudeh alias Abu Daoud (de quien se dice que fue el que concibió la acción) murió en el Hospital Al-Andalus de Damasco (Siria), el 3 de julio de 2010 por una insuficiencia renal.

JUAN CARR, EL HOMBRE SOLIDARIO

"Necesitamos gente excepcional, pero lo más común posible, para que todos seamos excepcionales..."
Juan Carr

Hace 17 años que está al frente de la Red Solidaria y acaba de ser postulado nuevamente para el Premio Nobel de la Paz. Y él continúa siendo el mismo y con esa energía que sólo Dios sabe de dónde saca declara con respecto a la solidaridad en la Argentina: "Queremos que los pobres peleen la tapa de los diarios".

Juan, desde los 9 años, cuando se convirtió en scout, descubrió su devoción por los demás, pasión que cultivaron más tarde los padres pasionistas, que lo hicieron conocer otros mundos. Pueblos originarios, sectores postergados y hasta un leprosario fueron escenario de esa temprana búsqueda que terminó en obsesión.

"Hay una diferencia que a mí me cuesta mucho trasmitir. Cuando digo que quiero cambiar el mundo, no es que lo digo... ¡es que quiero cambiar el mundo! No es menor la diferencia. Y tampoco es sólo que queremos hacerlo, sino que además sabemos que se puede", explica con admirable optimismo el hombre que, en la última década, se convirtió en un ícono de la solidaridad en la Argentina.

Cuando en 1980 ingresó a la facultad de veterinaria, terminar con el hambre ya era su máxima prioridad. Faltaban 15 años para que, con un grupo de amigos, conforme la Red Solidaria. Un proyecto que ni él termina de comprender, pero que hace casi 17 años despierta el interés de los sectores más variados de la sociedad.

"No es asociación, ni organización. No tiene papeles ni personería. Queríamos generar una cultura, acompañar a otros y eso funcionó. La Argentina se va consolidando y podemos llegar al hambre cero en dos o tres años", cuenta con esperanza, pero sabiendo que el camino está hecho de obstáculos.

"Yo juego 10 partidos por día y pierdo nueve. Celebro ese que gano, pero es la alegría de un medio-derrotado. Tengo claro que la derrota es parte de lo mío. Hoy hay 530 familias argentinas que buscan a sus seres queridos perdidos. En América Latina hay más de 6000. Bueno, ahí tenés 6000 derrotas. ¡Pero aparece uno y traeme la cerveza para celebrar!"

En más de 17 años al frente de la Red Solidaria, participó en incontables campañas, emergencias y movimientos sociales. Entre las que más lo marcaron está una reciente. El Festival Mundo Invisible logró movilizar a una multitud en diciembre pasado con el objetivo de salvar bosques. "Logramos mover miles de jóvenes por algo positivo. Sin terremotos, sin catástrofes. Ese fue un hito", recuerda con emoción.

Pero además están las otras historias, las que duelen. "Hace poco tuvimos también otras derrotas. La muerte de Candela, que llegamos tarde. Tengo también la derrota permanente de Sofía Herrera, que no la podemos encontrar. Estas historias de todo o nada son las que más me impactan", confiesa.

Y suma: "El año pasado se rompieron los récords de trasplantes en el Incucai. La inundación en Santa Fe fue otro momento de la solidaridad argentina llevada a la locura. ¿Cómo es posible que no celebremos esas cosas?".

El teléfono de Juan no para de sonar. Todos los partidos le ofrecieron cargos. "Yo hago política desde los 16 años. Esto es política, pero no me veo como funcionario. No es mi vocación y eso lo tengo claro", dice.

En sus días de descanso, como en toda su vida, no abandona ni por un instante los nuevos proyectos. Entre ellos está Mundo Invisible, una agencia de prensa para héroes anónimos. "Tiene como objetivo ser la prensa de los pobres de Hispanoamérica. Queremos que los pobres peleen la tapa de los diarios. Y no sólo los que estén en situación de pobreza, sino los que esperan un trasplante, los diabéticos o la gente que ayuda en silencio a miles de necesitados", explica.

Definiciones de Juan
Prójimo: Es aquel que tiene derecho a esperar algo de mí. Está bien que hagas cosas por los demás y merezcas un aplauso, pero también en la solidaridad como la entendemos nosotros el otro es la prioridad. Vos sos una anécdota, nada más.

Cultura solidaria: Es el proceso por el cual una comunidad levantó la mirada, prestó atención a las necesidades de los demás, reflexionó al respecto y decidió transformar esa realidad que lo rodeaba.

Conocé las obras que lleva adelante su ONG visitando www.redsolidaria.org.ar



EL CAPITAN RUFINO SOLANO


El Capitán Solano junto al Cacique Manuel Namuncurá y tres Capitanejos
Este muy particular militar, recordado como “El diplomático de las pampas”, desplegó inigualables acciones en favor de la paz, la libertad y la vida en la denominada “frontera del desierto”, en el siglo XIX.

Mediante estas acciones, haciendo uso de un trato proverbial con el aborigen, consiguió redimir personalmente a centenares de mujeres, niños y otros prisioneros, de ambos bandos, movido por una notable y especial consideración hacia el género, encarnado en la lacerada figura de la cautiva.

Asimismo, se destacan entre sus acciones, el haber evitado sangrientos enfrentamientos por medio de sus prodigiosos oficios de mediador, pactando numerosos acuerdos de paz y de canje de prisioneros con los máximos líderes indígenas, como Calfucurá, Namuncurá, Catriel, Pincén, entre muchos más.

Más allá de las rectas condiciones humanas y morales con que se hallaba dotado este militar, sus amplios conocimientos y capacidad para comunicarse con la lengua y el alma del indígena, habían sido adquiridos por pertenecer a una familia fundadora de la ciudad de Azul y por la radicación y funciones que desempeñó su padre en toda la zona.

El capitán Rufino Solano actuó bajo el mando de jefes militares tales como Ignacio Rivas, Benito Machado, Francisco Elías, Álvaro Barros, entre otros; también lo hizo bajo órdenes directas de Adolfo Alsina, Martín de Gainza, Márcos Paz y de las más altas figuras políticas del país.

Además de ello, fue lazo y nexo imprescindible en tareas de evangelización y salvamento de personas realizadas por la Iglesia, prestando estrecha y activa colaboración al Padre Jorge M. Salvaire, denominado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján”, fundador de la Gran Basílica de Nuestra Señora del Luján y fue ineludible interlocutor entre los caciques y el Arzobispado de la ciudad de Buenos Aires, en la persona del Arzobispo Dr. León F. Aneiros, llamado “El Padre de los Indios”.

También respondió ante numerosos requerimientos de instituciones sociales y desesperadas solicitudes de particulares. Toda esta tarea la realizó en beneficio de la población de Azul y de otras incipientes localidades de la Provincia de Buenos Aires e incluso de provincias aledañas.

Entre otras significativas intervenciones del capitán Rufino Solano, se cuentan la de haber formado parte de los cimientes que dieron origen a la actual ciudad de Olavarría y de otras localidades vecinas. Esta plausible labor el capitán Rufino Solano la llevó a cabo durante sus más de veinte años de carrera militar y aún después de su retiro hasta su muerte, en 1913.